Retomamos la publicación tras un paréntesis demasiado largo (este tipo de disculpa empieza a ser demasiado habitual). Esta semana hemos estado en dos Congresos, uno de los cuales “compete” -como dirían los juristas- al tema que nos ocupa en la bitácora. Se trata del Congreso Bienal de la Sociedad Española de Evaluación. Tuvo lugar en Santiago de Compostela el 24 y 25 del septiembre que ya se nos va.

Como era esperable, un espacio privilegiado para encontrarse con las compañeras (que son amplia mayoría) y los compañeros interesados en el tema, desde diversos ámbitos. Me empieza a dar la impresión de que el “tono” del mundo de la evaluación que percibí los primeros años que acudí al macro-congreso de la AEA norteamericana no es exclusivo del enfoque “gringo”: el congreso es un espacio pluridisciplinar y algo así como “pluri-laboral”. No me refiero con esto último a que los pobres evaluadores estén pluriempleado (cosa que también se da), si no que hay un interesante equilibrio entre gente de la academia, gente del sector privado, consultores independientes y funcionarios públicos. Me alegra más si cabe en esta ocasión, porque sigo con mi lucha sobre que la SEE se apellide de “Políticas Públicas”.

En cuanto a temáticas, experiencias, presentaciones, destacaría dos (siendo que hubo muy buen material en general). Entre las ponencias-marco, la del maestro Joan Subirats, que nos habló de la diversidad en espacio público. No sabría cómo sintetizar, pues cada referencia, cada ejemplo, cada anécdota me parecieron “en su sitio”. Un 10, sobre 10. En las paralelas, estuve en la de Cooperación, y me gustó mucho por la variedad (experiencias sobre investigación, metodología, práctica de campo; ONG, consultoría privada, universidades) y por el debate que fuimos montando sobre la eterna tensión entre lo bueno o malo de las diferentes metodologías de evaluación y la dependencia de su uso.

En definitiva, un espacio imprescindible, que tenemos que ir reforzando entre todas y entre todos, pues es sin duda NUESTRO espacio. La próxima en 2009, con las ofertas de Barcelona y Valencia. No hace falta que diga por cuál voy a votar.