Esta es una entrada con sabor a crónica. No acostumbramos a ello, pero me parece que vale la pena poner una nota de normalidad. Los y las buenas amigas me dicen que EVALUATECA peca de tecnicismo.

Estos días andamos en El Salvador. Hoy hemos tenido una mañana fructífera, sin duda. Primero con Carmen Valle, de la Red Salvadoreña de Evaluación, y después con Natalia Colomé, de la Universidad (Nacional) de El Salvador, Facultad de Medicina.

No quiero aburrir con la crónica narrada en términos de secuencia, de contenidos. Valdría más la pena unas fotos para ello, pero los que me conocen saben que no ando con cámara digital, aunque tarde o temprano claudicaré (como pasó con el móvil). Así que voy a los aprendizajes.

Con Carmen descubrimos, o mejor redescubrimos, que la manera más enriquecedora y, curiosamente, más eficiente para hacer evaluaciones en proyectos internacionales es contar con redes de evaluadores. Perogrullada, pensarán algunos, pero ¿quieren que hagamos una cuenta de cuántas evaluaciones de proyectos de AOD las realizan expertos nacionales del país receptor? Seguro que todos sabemos, más o menos, el resultado. Por otro lado, la importancia, una vez más, de las redes/sociedades de evaluación como referencia para la práxis profesional. Imprescindible fortalecer la referencia a los profesionales de evaluación de cada país. Y como colofón: la importancia de la ética de la evaluación. Demasiadas evaluaciones por cumplimiento de expediente.

Con Natalia redescubrimos que Universidad pública y eficiencia son palabras más que compatibles. Reconocemos que Universidad pública y compromiso con su entorno socioeconómico, político, cultural, etc. es un hecho intrínseco, ineludible. Y constatamos una práxis de gestión de calidad en proyectos poco esperable en nuestras Universidades de origen. Me gustaría saber cuántos proyectos de nuestras Universidades españolas realizan un proceso de autoevaluación con los actores implicados motu propio. A Natalia y su grupo nadie se lo pide (bueno, yo esta mañana, pero llegué tarde). Natalia y su grupo lo hacen porque saben que aprenden en el proceso.

Viajar ilustra, que bien dice mi querido padre.