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Mucho discurso, poca praxis. Como dirían algunos del lado occidental del charco (atlántico) “mucho lilili, poco lalala”. Como cualquiera que esté mínimamente involucrado en la práctica de la evaluación, tanto los condicionantes operativos como en ocasiones los intereses estructurales, impiden la inclusión de formas más flexibles y más democratizadoras en los procesos evaluativos. Resulta complejo y pretendidamente caro poner en práctica mecanismos de participación activa en evaluaciones de programas. Complejo por la enorme carga de gestión de un proceso en el que tomen parte activa un buen número de actores involucrados, no necesariamente en armonía entre ellos. Por otro lado, pretendidamente caro, pues el mismo “requisito”, si así se quiere entender la evaluación en el contexto del ciclo de proyectos, se puede salvar con un paracaidista de una semana en terreno y otra en escritorio. 

En este contexto, propuestas prácticas para incorporar procesos colaborativos son sin duda un soplo de aire fresco más que necesario. Evaluaciones Colaborativas es un texto de Liliana Rodríguez, profesora del Departamento de Investigación y Medición Educativa de la Universidad de Florida del Sur. Traducción de una primera versión en inglés, el texto presenta una propuesta práctica articulada sobre un modelo en seis pasos, a partir de los cuales se ofrecen consejos prácticos extraídos de casos reales de evaluación. Tuve la suerte de conocer a Lili y a Rigo (Rigoberto Rincones, su pareja), en una conferencia de la American Evaluation Association. Ambos excelentes profesionales de la evaluación, es un gusto saber que a pesar de residir y desarrollar su carrera profesional en Estados Unidos, su compromiso con el desarrollo de una cultura evaluativa de calidad en habla hispana sigue más vigente que nunca.  

[Vía ReLAC]