balanca

Última jornada de la Conferencia 2009, en la que cerramos haciendo un sprint con un tercio de las ponencias restantes, una ponencia sobre “evaluación de políticas públicas de participación ciudadana” a cargo de Ernesto Ganuza, del Instituto de Estudios Sociales Avanzados y la clausura. Como comenté en la anterior entrada, mi interés estaba en la mesa de políticas sectoriales de hoy viernes, que abordaba ponencias sobre Cooperación al Desarrollo. La lista era amplia para el poco del que disponíamos, pero afortunadamente y al mismo tiempo lamentablemente, han habido ausencias. Digo lamentablemente porque ha sido una pena no contar con una de ellas en particular, la de los compañeros y compañeras de la DGPOLDE del Ministerio de Exteriores y Cooperación del Gobierno de España, que aparecían en el programa con una comunicación sobre los avances que están dando en evaluación. Ya hemos hecho algunos comentarios en EVALUATECA a este respecto y algunos esperábamos con interés sus apuntes, en especial sobre cómo encaraban los retos evaluativos que el nuevo Plan Director de la Cooperación Española les plantea. Esperemos contar próximamente con otras oportunidades para escucharlo y contrastarlo.

De las presentes, muy buenas presentaciones. Me gustado mucho la claridad con la que José Mª Larrú, de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad San Pablo-CEU, ha recordado las oportunidades que sigue brindando un viejo enfoque, ahora de nuevo en primera plana: diseños experimentales o también conocidos como evaluaciones aleatorizadas (traducción del RCT inglés, gracias por la sugerencia, José Mª). Algunos asiduos a EVALUATECA saben de mis cuestionamientos al respecto de este enfoque. Sin embargo, reconozco que también me ha gustado que José Mª ha planteado su uso desde una actitud abierta y huyendo de fanatismos. Se lo agradezco mucho porque creo que precisamente lo que algunos hemos venido comentando sobre el “remake” de las técnicas es, entre otras cosas, el modo tajante con el que se ha querido hacer desde algunas instancias una defensa a ultranza, tildando otros enfoques de poco científicos.

Me han gustado mucho un par de frases valientes que nos ha regalado: “evitemos el síndrome ‘ya que vas‘”, refiriéndose a la sobrcarga de cuestiones evaluativas con las que los contratantes engordan una evaluación sin medir las capacidades reales que se ponen al servicio (presupuestos, tiempos, recursos humanos); y la otra “digamos NO a evaluar la incidencia del Plan Director de la Cooperación Española en los Objetivos de Desarrollo del Milenio“. Me parece muy valiente, como digo, porque descansa en su creencia particular sobre lo que se puede y no se puede medir. Es obvio que desde un enfoque experiemental (casi me atrevería a decir que desde el sentido común) la tarea sería muy compleja y spondría un coste inabordable por los propios que probablemente la promoverían. Otra cuestión es si es una pregunta relevante, que por ahí más bien creo que podríamos empezar la discusión. Pero eso lo dejo para el debate.

Para finalizar este comentario en realación a la ponencia de Jose Mª (y que los asiduos no vayan a pensar que me he pasado a los RCT😉 ), sí diré que al contrario que él, no saludo el impulso que Cooperación Española le ha dado a la realización de evaluaciones de impacto con este enfoque, entre otras medidas con la dotación de 10,4 millones de euros para la creación del Fondo para la Evaluación de Impacto en el seno del Banco Mundial. Primero porque creo que el debate no está maduro como para que la Cooperación Española se decante tan claramente por apoyar un enfoque determinado. Segundo, porque hay prioridades en evaluación en nuestro país, y en particular en el sector de la cooperación al desarrollo, mucho más urgentes.

Cito la más urgente a mi juicio: invertir en el fortalecimiento de capacidades evaluativas en el sector. Valga como ejemplo el nulo acompañamiento que tuvo la revisión de la Metodología de Evaluación que tuvo lugar hace casi dos años: más allá de alguna que otra presentación formal (por supuesto, en Madrid), ni mayor difusión, ni actividades de formación…Esperemos que no nos pase como con la Metodolgía anterior, la de 1998 que quedó una década en el cajón. Y tercero de mis argumentos, porque no recuerdo cuándo uan administración española se gastó de tirón más de 10 millones de euros en promover evaluaciones (por ejemplo, sumando las evaluaciones licitadas por DGPOLDE en la legislatura pasada dudo que lleguen a menos de un cuarto de esa cantidad). Así las cosas, ¿por que no promover que actores españoles desarrollen evaluaciones -sean incluso RCT exclusivamente- en programas españoles, que buena falta nos hace? En un basiquísimo análisis económico, y ya que estamos con la crisis, es también una buena manera de mover el sector, enfoque por el que el propio gobierno ha optado a mucha mayor escala en sectores privados como la construcción o el automóvil.

Y como me ha salido algo extenso este comentario, dejo para una segunda parte lo que me queda. ¡¡No se vayan todavía, aún hay más!!