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El Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE acaba de publicar el informe sobre la Cooperación Española, como parte de las revisiones por pares que realizan sobre los donantes miembros de este club cada cuatro años. Aquí pueden consultar el resumen ejecutivo con los principales hallazgos y recomendaciones, y si todavía tienen ganas y nada mejor que hacer, aquí pueden descargarse la versión completa (sí, lo han adivinado, está en inglés).

Si les soy sincero, nunca le he tenido demasiada fe a este informe. No he tenido el privilegio de participar en ninguno de los procesos de consulta (bueno, algo negativo tenía que tener la independencia), pero sí de contrastarlo con mis propias vivencias y las de otros y otras colegas de profesión. Y la verdad, siempre hemos notado un importante grado de complacencia. No en vano se trata de una “evaluación entre pares”. Pares que tienen importantes intereses cruzados, por lo que el principio básico de independencia en una evaluación con un importante componente/lectura sumativo/a queda en grave entredicho. Recuerdo más de cerca el proceso de revisión del 2002 (ya hablamos de casi una década), en la que la región donde vivo fue elegida como un caso de estudio, para inferir cómo era la Cooperación Descentralizada. Y ya ven en lo que nos hemos convertido…

Así pues, cuando uno lee una valoración crítica o al menos poco “polite” en este informe, empieza a pensar que quizá, sólo quizá, si se atreven a poner algo así de un amigo, es que va en serio. Como no podía ser de otro modo, le he puesto un poco más de atención a lo relativo a la Evaluación. Compruebo que la percepción compartida con colegas del sector también es percibida por los “reviewers”: la presencia de la evaluación ha crecido principalmente por la obligatoriedad de evaluar proyectos que los receptores de financiación pública (básicamente ONG) han tenido estos años:

“Much of this sharp increase is a consequence of a requirement for all NGO agreements above a certain value to be evaluated”

(mucho de este importante incremento es una consecuencia del requerimiento en todos los acuerdos con ONG de evaluar aquellos por encima de un determinado monto)

¿Genera este incremento mayor cultura de evaluación? Sin duda, si no hacemos evaluaciones nunca aprenderemos, es como patinar o ir en bicicleta. El problema es por qué lo hacemos. Porque si el incentivo único es cumplir un requerimiento, sin duda la capacidad de generar aprendizaje y mejora de las acciones usando los resultados de esas evaluaciones es mínima, tendiendo a nula. Ello, por supuesto, sin contar con la degradación de la función de evaluación y, como consecuencia de su calidad técnica y su capacidad de innovación. El informe revela este sentimiento, en perlas como ésta:

monitoring still tended to give more weight to how money was spent, as the agency lacked the right indicators to measure results and impact

(el monitoreo sigue tendiendo a dar más importancia a cómo se gasta el dinero, dado que la agencia (AECID) carece de los indicadores para medir resultados e impactos”)

Esta sencilla pero contundente sentencia representa la razón última de las cosas, más allá de complejos conceptos que cada día se van incorporando al acervo cultural de los y las profesionales del desarrollo. Escribir en un papel el “compromiso por” es simplemente eso, palabras en un papel. Se las lleva menos que las que se dicen al viento, pero acaban olvidándose. Y eso es, sencillamente, lo que le ha pasado a nuestra Ayuda al Desarrollo. Hemos sido víctimas de un error tan básico en Cooperación como reiterado. A nadie se le ocurre ya pensar en proyectos de Desarrollo que no cuenten con la gente, con todos y todas, y especialmente con los y las protagonistas de la historia. Tampoco creeemos ya en las recetas escritas desde arriba, ni en las soluciones milagrosas que llevan el progreso en tiempo récord. Sin embargo, eso mismo era el Plan Director de la Cooperación Española 2009-2012, una invención, una entelequia, una creencia ilusoria. Un ejercicio académico manejado por pocas manos para su propia gloria, y al servicio de intereses políticos de imagen exterior.

Las consecuencias de todo ello: desconfianza. Desconfianza en que la Evaluación puede ir más allá de la función burocrática. Y en el escenario económico y político tan dantesco que vivimos, con mayor razón. Que no nos extrañe que gracias a este malabarismo planificador y evaluativo pensado desde arriba, desde pocas manos y con intereses particulares, nos tengamos que conformar con poco o ningún presupuesto para evaluación y mejora desde el sector público, con la vuelta a herramientas de auditoría y control financiero y que el desarrollo venga “por añadidura” o “por teoría del goteo”. A soportar a los nuevos responsables ortodoxos usando el poderoso “ya te lo dije, esto no funcionaría”.

Por si fuera poco, nada aprenderemos como nada hemos aprendido. En el informe que les contaba hecho en 2002, ya se le decía a la Ayuda Española que tenía que definir criterios explícitos para justificar su planificación, la elección de prioridades geográficas, sectoriales, instrumentos, etc. Casi diez años después, vuelven a decirle lo mismo. Y los responsables “se irán de rositas” (como decimos por acá), pues tendrán la “suerte” de que podrán seguir usando esa estrategia tan suya de las “atribuciones externas”, como dicen los psicólogos. Vamos, echarle la culpa a otros, al clima, o como en este caso, a la crisis y al cambio de gobierno.

Ya saben, si es que la culpa de todo…la tiene Yoko Ono

 

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Me gustaría que éste fuera la primera de muchas entradas sobre el tema.  La cosa empieza por uno mismo, a ver si soy capaz de mantener el hilo, pero también  requiere de poder discutir sobre ello con otras y otros colegas. En caso contrario, uno acaba circulando en la misma vía, con riesgos de paranoia.

Creo que nadie se le escapa la importancia, como mínimo en el discurso, que la Declaración de París tiene para la configuración de la Ayuda al Desarrollo en el mundo de hoy. Y dado el nuevo gran marco, obvia pues la implicación para todo proceso de Evaluación ligado directa o indirectamente a este sector. ¿Obvia? Ese es mi primer cuestionamiento.

Ya hemos entrado en 2009, así que la Declaración anda por su cuarto año de existencia formal (sin contar preparativos y marcos previos, como Monterrey 2003). ¿Ha permeado realmente en la práctica de la evaluación? ¿Hasta dónde? Si pensamos en capas, ¿hasta cuál de ellas ha llegado? Como diría uno de mis más queridos y admirados profesores en mi época de estudiante de Ingeniería, “me apuesto con ustedes mil millones de cañas” a que, por ejemplo, si encuesto a 10 de mis amigos evaluadores sobre qué ha cambiado en su práctica tras la declaración, la respuesta seguramente sea “nada” en 9 de cada 10, como en el comercial de los dentistas  (nota cultural: “caña” en España es la denominación común de esa pequeña pero refrescante copita de cerveza que debe acompañar toda buena tapa/boquita/pasapalo)

Sin embargo, la resistencia es la peor de las respuestas. Los y las interesadas en Evaluación deberíamos hacer un esfuezo digamos “de interfaz”, de traductores, de “aterrizadores” de conceptos tan interesantes como la manida “accountability” o la correspondabilidad, y llevarla a los espacios de frontera. Porque en verdad son ideas intersantes, que además se quedarán en poca cosa si no permean, si sólo se pasean por las mesas de alto nivel y por los renovados manuales de las agencias.

Así pues, primer paso. Aprovecho unos correos cruzados en la lista de ReLAC para circular información interesante sobre acerca de todo esto que nos facilita Ada Ocampo, de UNICEF (¡gracias Ada!). La primera de ellas, una Nota Informativa sobre la II Fase de la Evaluacion de la Declaracion de Paris (en español). La segunda, para las que tengan más tiempo y ganas, el sitio oficial del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD), en particular la Red de Evaluación del CAD, que contiene todos los documentos que se van generando al respecto (oficiales, claro). En particular, aquí les dejo la versión en español del Informe de Evaluación – Fase I.

(Vía ReLAC)

[Nota quisquillosa: A pesar de que parece estar admitido por la Real Academia Española de la Lengua, no sé a quién se le ocurriría usar HARMONIZACIÓN con H, en lugar de ARMONIZACIÓN que es sin duda más natural en nuestra lengua…¿será una suerte de énfasis o pura y simple influencia del ingés -una vez más-?]

Tenía este comentario a medio acabar desde hace un tiempo, así que nadie se piense que es una exclusiva mundial (como casi nada en EVALUATECA, ya sabe que por aquí comentamos cosas más o menos atemporales)

Ya lo decíamos hace un tiempo: a pesar de la insistencia de algunos y algunas personas involucradas en la promoción de la evaluación en la Cooperación al Desarrollo de ámbito español, NO TENEMOS CULTURA DE EVALUACIÓN, y no parece que la cosa vaya a cambiar en breve. No lo digo yo, lo dice la evaluación por pares del CAD, llevada a cabo durante el año pasado y recientemente publicada en línea en su web. Échale un vistazo aquí (¡cómo no! no está en español). No es que yo sea un ferviente adepto a esta institución, pero como parece ser que es una referencia ineludible…

Algunas lindezas que nos regala el informe:

a) página 47, 2º párrafo “sorprendentemente, la reforma de la agencia (AECI) no incluye ningún plan para un sistema de evaluación, lo cual es una omisión grave

b) idem, “…los recursos presupuestarios para esta labor son muy pequeños, hecho que dificulta la posibilidad de contratar evaluadores con sufciente experiencia en evaluación en el área de cooperación al desarrollo

c) página 47, 3er párrafo, “el equipo de revisión encontró suficientes evidencias para asegurar que es necesario instaurar una cultura de evaluación en la cooperación descentralizada (referida a administraciones públicas)

Lo dicho. Será cuestión de ponerse a trabajar.

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