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Durante esta temporada, estoy colaborando con los amigos y amigas del CECOD (Centro de Estudios de Cooperación al Desarrollo, Madrid), en un proyecto de investigación en el que llevan trabajando los últimos tres años. La iniciativa está centrada en el Desarrollo de Capacidades de los agentes de Cooperación para el Desarrollo. Una de las líneas de trabajo con más peso en proyecto es la evaluación.

El proyecto ha generado resultados muy interesantes para la reflexión y también para la acción. Entre ellos, particularmente destacaría dos. El primero, un análisis comparativo de Juan Andrés Ligero sobre los criterios del CAD/OCDE para evaluación versus la Teoría de Programa como enfoque comprehensivo. El segundo, un estudio de José María Larrú y María Méndez sobre la integración efectiva de la evaluación en el ciclo de proyecto basado en las mejores prácticas disponibles en el sector en España.

Siguiendo esta línea de trabajo, me toca la enorme responsabilidad de seguir avanzando por la vía de la Calidad y la Utilidad de las evaluaciones. El objetivo de la investigación es profundizar en la contribución que la evaluación está haciendo (o no) a la mejora de las intervenciones de cooperación para el desarrollo. Posteriormente, se pretende apuntar a un posible marco de referencia de Estándares de Calidad en Evaluación para el sector elaborado de forma consensuada por los diferentes actores. Esperamos que dicho marco contribuya a mejorar la calidad del proceso global, promoviendo una mayor calidad y uso de las evaluaciones para la generación de aprendizaje y la toma de decisiones en las intervenciones de Cooperación al desarrollo.

El próximo viernes 26 de octubre tendrá lugar el primer taller de trabajo de esta fase. El listón está bien, pero que bien alto, tanto por los compañeros y las compañeras que me preceden, como por los y las profesionales del sector que participan en el proceso. Y el resto tampoco se queda nada corto. Deséenos suerte.

El Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE acaba de publicar el informe sobre la Cooperación Española, como parte de las revisiones por pares que realizan sobre los donantes miembros de este club cada cuatro años. Aquí pueden consultar el resumen ejecutivo con los principales hallazgos y recomendaciones, y si todavía tienen ganas y nada mejor que hacer, aquí pueden descargarse la versión completa (sí, lo han adivinado, está en inglés).

Si les soy sincero, nunca le he tenido demasiada fe a este informe. No he tenido el privilegio de participar en ninguno de los procesos de consulta (bueno, algo negativo tenía que tener la independencia), pero sí de contrastarlo con mis propias vivencias y las de otros y otras colegas de profesión. Y la verdad, siempre hemos notado un importante grado de complacencia. No en vano se trata de una “evaluación entre pares”. Pares que tienen importantes intereses cruzados, por lo que el principio básico de independencia en una evaluación con un importante componente/lectura sumativo/a queda en grave entredicho. Recuerdo más de cerca el proceso de revisión del 2002 (ya hablamos de casi una década), en la que la región donde vivo fue elegida como un caso de estudio, para inferir cómo era la Cooperación Descentralizada. Y ya ven en lo que nos hemos convertido…

Así pues, cuando uno lee una valoración crítica o al menos poco “polite” en este informe, empieza a pensar que quizá, sólo quizá, si se atreven a poner algo así de un amigo, es que va en serio. Como no podía ser de otro modo, le he puesto un poco más de atención a lo relativo a la Evaluación. Compruebo que la percepción compartida con colegas del sector también es percibida por los “reviewers”: la presencia de la evaluación ha crecido principalmente por la obligatoriedad de evaluar proyectos que los receptores de financiación pública (básicamente ONG) han tenido estos años:

“Much of this sharp increase is a consequence of a requirement for all NGO agreements above a certain value to be evaluated”

(mucho de este importante incremento es una consecuencia del requerimiento en todos los acuerdos con ONG de evaluar aquellos por encima de un determinado monto)

¿Genera este incremento mayor cultura de evaluación? Sin duda, si no hacemos evaluaciones nunca aprenderemos, es como patinar o ir en bicicleta. El problema es por qué lo hacemos. Porque si el incentivo único es cumplir un requerimiento, sin duda la capacidad de generar aprendizaje y mejora de las acciones usando los resultados de esas evaluaciones es mínima, tendiendo a nula. Ello, por supuesto, sin contar con la degradación de la función de evaluación y, como consecuencia de su calidad técnica y su capacidad de innovación. El informe revela este sentimiento, en perlas como ésta:

monitoring still tended to give more weight to how money was spent, as the agency lacked the right indicators to measure results and impact

(el monitoreo sigue tendiendo a dar más importancia a cómo se gasta el dinero, dado que la agencia (AECID) carece de los indicadores para medir resultados e impactos”)

Esta sencilla pero contundente sentencia representa la razón última de las cosas, más allá de complejos conceptos que cada día se van incorporando al acervo cultural de los y las profesionales del desarrollo. Escribir en un papel el “compromiso por” es simplemente eso, palabras en un papel. Se las lleva menos que las que se dicen al viento, pero acaban olvidándose. Y eso es, sencillamente, lo que le ha pasado a nuestra Ayuda al Desarrollo. Hemos sido víctimas de un error tan básico en Cooperación como reiterado. A nadie se le ocurre ya pensar en proyectos de Desarrollo que no cuenten con la gente, con todos y todas, y especialmente con los y las protagonistas de la historia. Tampoco creeemos ya en las recetas escritas desde arriba, ni en las soluciones milagrosas que llevan el progreso en tiempo récord. Sin embargo, eso mismo era el Plan Director de la Cooperación Española 2009-2012, una invención, una entelequia, una creencia ilusoria. Un ejercicio académico manejado por pocas manos para su propia gloria, y al servicio de intereses políticos de imagen exterior.

Las consecuencias de todo ello: desconfianza. Desconfianza en que la Evaluación puede ir más allá de la función burocrática. Y en el escenario económico y político tan dantesco que vivimos, con mayor razón. Que no nos extrañe que gracias a este malabarismo planificador y evaluativo pensado desde arriba, desde pocas manos y con intereses particulares, nos tengamos que conformar con poco o ningún presupuesto para evaluación y mejora desde el sector público, con la vuelta a herramientas de auditoría y control financiero y que el desarrollo venga “por añadidura” o “por teoría del goteo”. A soportar a los nuevos responsables ortodoxos usando el poderoso “ya te lo dije, esto no funcionaría”.

Por si fuera poco, nada aprenderemos como nada hemos aprendido. En el informe que les contaba hecho en 2002, ya se le decía a la Ayuda Española que tenía que definir criterios explícitos para justificar su planificación, la elección de prioridades geográficas, sectoriales, instrumentos, etc. Casi diez años después, vuelven a decirle lo mismo. Y los responsables “se irán de rositas” (como decimos por acá), pues tendrán la “suerte” de que podrán seguir usando esa estrategia tan suya de las “atribuciones externas”, como dicen los psicólogos. Vamos, echarle la culpa a otros, al clima, o como en este caso, a la crisis y al cambio de gobierno.

Ya saben, si es que la culpa de todo…la tiene Yoko Ono

 

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Llega a mis manos vía XCeval, un interesante informe sobre el uso del enfoque de Gestión Basada en Resultados en las agencias de Naciones Unidas (puede descargarlo aquí, en español, ¡¡milagro!!). La verdad es que sólo con el subtítulo que reza en su portada era como para generar como mínimo una avalancha parecida al ya tristemente famoso “¿Cuándo aprenderemos?” (When we will ever learn?) de ese think tank llamado CDG (Centre for Global Development). Y si no, juzguen ustedes mismos:

“En las Naciones Unidas, la gestión basada en los resultados ha sido una tarea administrativa de escaso valor para la rendición de cuentas y la toma de decisiones”

Sin embargo, una cosa que me llama la atención es que habiendo sido distribuído en varias listas de correo de Evaluación (algunas de ellas muy activas en el debate), tales como MandE News, la propia XCeval, etc., no he visto muchos mensajes al respecto. Tan sólo unos cruces de voces críticas como Bob Williams, que incluso nos viene a decir algo así como “de qué os extrañáis, no dice nada nuevo”. No estoy del todo de acuerdo con el maestro Williams. Si bien es cierto que para los que somos como mínimo críticos con las imposiciones generalistas de enfoques y métodos (de uno y otro bando, y el caso del RBM es claro en el caso de las agencias del sistema, donantes bilaterales y demás monstruos gigantescos), la cosa era más que evidente, me parece que poner esto en un informe interno del sistema podría tener mucha más trascendencia en cuanto a posibles cambios de enfoque, o al menos, relajación en la ortodoxia, que cientos de sesudos tratados que se puedan generar desde la academia y/o la práctica de la evaluación. Es algo así, en un símil legal, como “sentar jurisprudencia”. Los profesionales de la evaluación, dentro y fuera de las instituciones internacionales, que quieren ser críticos y proponer cambios/alternativas, ya tienen un punto de apoyo más. Esto no es baladí, ni mucho menos.

Al menos, yo ya tengo una excusa la próxima vez que en un curso, charla, conferencia, etc., alguien trabajando desde las instituciones me hable del RMB como la biblia: sacaré tarjeta amarilla…y como se despiste, roja y expulsión (si me pilla de árbitro, claro 😉 )

1212508090_asterix2-fullVía la lista de discusión de Mapeo de Alcances en inglés (¡gracias Simon!), me llega una noticia realmente interesante y poco habitual. El año pasado, la cooperación británica (DFID) creó un espacio centrado en la Evaluación del Impacto en Desarrollo de su política de cooperación (véase IACDI). La iniciativa convoca a interesados e interesadas a responder una serie de cuestiones sobre su política de evaluación para definir una “evaluación independiente de la ayuda al desarrollo” de su país.

Para ello ha abierto un proceso en el que recogerá las opiniones y sugerencias de cuantos y cuantas quieran ofrecer su visión y sus sugerencias. Creo que este es el camino, sin duda, para el desarrollo de políticas públicas inclusivas en las que la ciudadanía crea, y en particular éstas referidas a cooperación al desarrollo. Y desde el punto de vista de evaluación, es un mecanismo privilegiado para hacer de los procesos evaluativos en el futuro una herramienta de aprendizaje y de control social a un tiempo.

¿Podríamos imaginar algo así en nuestros países de habla hispana? Por lo que respecta a España, en calidad de donante…pues sin restar los esfuerzos que se han hecho y los que en particular se están dando en los últimos tiempos, creo que dista un ápice. Alguien me podría argumentar que, por ejemplo, el últimoborrador del Plan Director de Cooperación Española, se ha circulado entre diferentes agentes y se han establecido mecanismos para la recogida de opiniones, sugerencias, etc. Me consta que mucha gente ha hecho el esfuerzo de trabajarse el documento (que como ya comentamos en una entrada anterior, tenía mucha más enjundia que los anteriores, en positivo, y por tanto requería de mayor esfuerzo para su análisis), pero de nuevo los tiempos y los modos de nuestro sistema de administración pública nos ahogan. No, unas reuniones sectoriales en Madrid quince días después de circular el borrador dan para lo que dan. Es un paso, pero estamos lejos.

Mismo caso aplica para la Descentralizada, que por su porpia naturaleza debiera ser si cabe mucho más participada por la ciudadanía y en particular por los agentes más directamente implicados. Claro, eso si la Descentralizada fuera reflejo de la política basada en lo local. Pero mientras, al menos en Cooperación, siga siendo en muchas Comunidades ese ejemplo paradigmático de no-definición de políticas (es decir, el “todo cabe”) y, sobre todo, un conjunto de saquitos (algunos ya no tan pequeños) de dinerito público sin ningún rédito educativo, social o cultural a la ciudadanía que lo paga, pues claro…hacer estos malabarismos participativos será como aquella de Astérix: “están locos estos hijos de la Gran Bretaña

 

ACTUALIZACIÓN 17/12/08: Justo después de escribir esta entrada me llegó desde mi Universidad un correo sobre el proceso de revisión del futuro Plan Director de Cooperación Española al que hacía referencia. Error de cálculo por mi parte, el proceso sigue con una segunda ronda. Creo que el tema merece una entrada específica, en el que al igual que la primera que hice, facilitaré la información que he recibido de forma que puedan estar al tanto del proceso y colaborar en la medida que consideren oportuno.

La Cooperación Española está realizando su nuevo Plan Director para la sgunda etapa de gobierno socialista. El plan en preparación abarcará el periodo 2009-2012, y en estos días se encuentra en proceso de consulta a los diferentes actores sociales implicados en el entramado de la cooperación.

Apenas he tenido tiempo de leerlo en detalle, tan sólo unas pinceladas. En general, me atrevería a decir ya que es una apuesta más atrevida que las anteriores y que apunta direcciones interesantes, además de estar muy al día con lo que mundialmente acontece en el contexto del desarrollo. También tiene interesantes apuntes sobre evaluación, y de ahí este comentario.

Curiosamente, en el nuevo Plan se hace una interesante propuesta orientada a algo que comentamos hace poco en EVALUATECA, la “gestión del conocimiento” ligada a los procesos de seguimiento y evaluación. En el texto se propone orientar las actividades evaluativas hacia la generación de conocimiento para el desarrollo: ayuda a la toma de decisiones y aprendizaje. Claves realmente interesantes.

Sin embargo, me preocupa algo que ya hemos comentado anteriormente también, y es el proceso en sí mismo de todo un sector (el de la cooperación al desarrollo) a la hora de adquirir las capacidades necesarias para asumir ciertos cambios. Me resulta atractiva la propuesa, no lo puedo negar, pero al bajar la vista a la realidad de los actores de cooperación, en el contexto español, sigo viendo un alto grado de inexperiencia en cuanto a procesos evaluativos y cultura evaluativa en general. No sé si realmente sea un salto “mortal”, en toda su extensión: mortal por lo grandioso y espectacular…o mortal por el riesgo de caer en el abismo.

Una apuesta al optimismo y un reto: apostemos a que podemos, perfecto. Pero pongamos los medios. Muchos medios. Y por ahora, eso sí me preocupa más: no creo en las promesas de los recursos. En eso sí tenemos práctica, y para evaluación siempre nos ha quedado la calderilla, el “sencillo”, las migajas.

Seguimos dándole vueltas. Por de pronto, se pueden descargar el BORRADOR DEL PLAN DIRECTOR 2009-2012. Para las aportaciones, la DGPOLDE ha diseñado un sencillo formulario que pueden descargar aquí. Desconozco si cualquiera puede hacer aportaciones directas al borrador, pero en cualquier caso si alguno de ustedes está interesado en hacer propuestas y no tiene cómo, me ofrezco a canalizarlas.

Debe ser porque en verano (en España), todos se van de vacaciones…hasta las noticias. O quizá no es sólo cuestión de este periodo estival. Hoy leo en El País (el supuesto medio de prensa escrita más prestigioso por su profesionalidad, y además con la etiqueta de “progresista”) un reportaje titulado “Retrato solidario a cuatro voces“.

Uno podría pensar eso, que sí, que estamos en verano y no hay mucho que contar; que las redacciones están llenas de becarios que escriben cosas que nadie supervisa; que los temas sociales, y más lo de los países en desarrollo, lo importante es “sensibilizar”, que “la gente sepa lo que ocurre”.

Pues no, nada de eso. Ni El País es progresista ni trata muchas de sus noticias con objetividad, ni el reportaje lo escribe un becario (si el “googleo” no se me ha ido de madre, la firmante es una señora periodista con 20 años de experiencia en dicho medio y profesora del Master de Periodismo El País – Universidad Autónoma de Madrid…nada menos). Y no lo digo yo, sobre todo lo primero (lo segundo basta con ir al web del Master). Lo dice cada vez más gente. Un buen ejemplo es este blog, “Cositas de la vida“, de mi querido amigo Javier Ibañez. Otro, Pascual Serrano y sus “perlas informativas”.

Ideas fuerza : el gobierno español está que se sale en Ayuda al Desarrollo; Latinoamérica es ese “país” desartalado y violento, lleno de pobres que además de ser ignorantes no pueden salir de su miseria sin nuestra ayuda (la española, especialmente);la labor de la Iglesia católica es la única (junto a Cooperación Española, claro) que está con los más pobres, con los que no quiere nadie. Y podría seguir, pero mejor les dejo para que saquen sus conclusiones…no hay más que leer las lindezas del texto. Perlas como esta:

“Oader y Oudur chillan cuando los flashes acosan al sentarse junto su madre una mujer blanca, la vicepresidenta del Gobierno de España. La joven ni siquiera los mira. Probablemente, los dos bebés gemelos sean fruto de una violación múltiple. Pero al menos comen, aunque vivan en el suburbio más mísero de Haití, el país más pobre de América”.

Y ahí vamos con la evaluación. Por de pronto, reconozco que es una manía persecutoria, pero no hay cosa que más me saque de quicio que escuchar a un político (o a alguien que lo cita, como en este caso) decir barbaridades como que en un viaje de protocolo/placer va “a evaluar proyectos”, “a monitorear” (como se die en ete caso), incluso a supervisar. ¿Supervisar qué? ¿Canapés? No será ni por el exhaustivo control que ejercen sobre los resultados de los proyectos que visitan (a razón de 3 o 4 por día) ni por el aprendizaje que les y nos genera a los contribuyentes. ¡No hay problema!, si los contribuyentes lo entendemos, pero llámenlo por su nombre: protocolo, diplomacia, etc.

Pero más allá de todo eso, me pregunto si con un poco de evaluación no podríamos hacer que algo cambiara. Quizá si, para empezar, se tuviera información pública, transparente y adecuadamente accesible, sobre las políticas públicas (en este caso, sobre la AOD, que parece algo más sensible, si cabe), a lo mejor podríamos tener algo más de criterio. Si además hubiera más trabajo de evaluación de estas políticas, podríamos extraer lecciones y mejorar, y de paso, estaríamos en el camino de conseguir una ciudadanía más crítica, que no se comiera con patatas el relato leprosero tipo “Anesvad” que nos regala hoy “el periódico global”.

Claro, es un poco difícil cuando a la Cooperación Española le sale un ratio de 2 evaluaciones por año, o cuando se licitan evaluaciones con un coste/hora que ni cuando yo daba clases particulares allá por los ’90.

Claro, da un poco igual, probablemente casi nadie lo haya leído, hoy que tenemos un español número uno del tenis mundial.

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