Hoy empieza en Anaheim (California, EEUU) la edición número 25 de la Conferencia Anual de la Sociedad Americana de Evaluación (ya saben, entiéndase “americana” desde la óptica de los/as estadounidenses). Sin duda alguna, el evento anual que reúne a lo más granado de la comunidad evaluadora, no sólo de EEUU (que es una gran parte) sino también del resto del mundo. Académicos/as, responsables de instituciones públicas nacionales e internacionales, responsables de ONG, consultores/as, editoriales, etc., se encuentran durante 4 días, siempre a principios de Noviembre, para compartir los últimos debates, las novedades, en definitiva, lo que se “cuece” en el sector.

He tenido la inmensa suerte de poder participar en tres ocasiones, 2001 (St. Louis), 2003 (Reno) y 2005 (Toronto, conjunta con la Sociedad Canadiense, que eso sí fue, en términos numéricos, una barbaridad). La dimensión del evento es tal que, la verdad, abruma. Miren si no los números estimados de la de este año: 2.500 participantes, más de 600 comunicaciones. Recuerdo que repasarse el programa e identificar las sesiones a las que interesaba ir cada día, requería casi de una tarde de planificación con aquel monstruo (vean si no el programa de este año aquí).

A pesar de las dimensiones, creo que es un modelo de Conferencia muy interesante y muy útil para los/as que trabajamos en el sector. Guarda un buen equilibrio entre lo “académico” y lo “profesional” (no es un Congreso científico al uso, ni mucho menos), se cuida muchísimo la interacción entre los/as participantes (muchos espacios de intercambio, actividades sociales para favorecer los contactos, “feria de empleos“, etc.) y el ambiente es realmente horizontal. Cuando vienes del mundo académico, como es mi caso, cuesta creer que en un foro de este tipo te sientes a cenar y tengas a un referente mundial como por ejemplo Michael Patton departiendo tranquilamente.

Ah, y el precio de inscripción, un limitante muy habitual en estas cosas, es muy bajo (la opción más cara, pagar in situ y si ser miembro de AEA, son 345 USD). La estrategia, por lo que me contaron una vez (y pude comprobar en directo), es minimizar costes al límite, a un extremo que en ocasiones me llegó a parece extremadamente austero. Una anécdota: en 2005 (no hace tanto) en las salas de presentación no había cañón de proyección de video, a no ser que alguien llevara o que los panelistas se hubieran puesto previamente de acuerdo y lo alquilaran; recuerdo también que cosas como fotocopias para los asistentes las llevaba el propio presentador si quería. No tengo el dato, pero haciendo unos sencillos números dudo mucho que AEA gane mucho dinero con el evento. Seguro que la estrategia le reporta otros beneficios de otro modo (siendo, por ejemplo, la sociedad de evaluación líder en el mundo, con diferencia).

Si alguna vez tienen la oportunidad, ni lo duden. Algo que hay que reconocerle a la AEA ha sido su vocación internacionalista, intentando facilitar la asistencia de profesionales de todo el mundo, en especial los/as profesionales de países del Sur (estos/as últimos mediante una simpática actividad de recaudación de fondos, una subasta “silenciosa”, que además resulta siendo la estrella de la agenda social de la semana).

Para los/as que no hemos podido asistir esta vez, quizá por medio de las redes sociales podamos captar algo de lo que se cuece por California estos días. En twitter, mediante la cuenta oficial de AEA (@aeaweb), y mediante los comentarios de los/as asistentes con la etiqueta (hastag) #eval11. No sé si habrá alguna retransmisión en streaming o grabaciones de las conferencias principales para verlas en diferido. ¡Ojala!